Monday, August 29, 2011

Destino de humo


Desmenuzar, entre cenizas
lo que fue(Go) fuego,
hurgar en el pozo
donde se revuelven
el pecado, con su impronta
de ancla,
la culpa y el castigo,
recorrer
con la sensible
yema de la razón
el instante precedente,
apoteótico e irracional,
la superficie áspera
de las palabras dichas,
y rumiadas con alegato
de emoción violenta,
atenuante,
la inminencia de la mirada fija
que no se puede sostener,
despejar el terreno
de espinas y maleza,
mientras ella se despatarra
sin escrúpulos,
mi cuerpo, deshaciéndose,
dolorosamente en la estela
del cigarrillo último
de la siesta pesada,
y todo es humo
que confunde.

Imagen: Jan Saudek y Sára Saudkova (Aguante Flowers, la p... que lo p...)

Thursday, August 25, 2011

Envidia de la piedra


Los días caen grises,
e irremediablemente
frías las piedras,
secas en sí,
rígidas y estóicas
sobrellevan el azote
del mar, de la lluvia,
de los vientos,
que las desgastan
sin piedad,
el tiempo está hecho
de agua y viento
y si yo fuese
la carne de la piedra,
ni tu aliento
ni el amargo chaparrón
de tu palabra
vulnerarían mi materia
como lo hacen, sí,
con esta forma mía
tan humana,
tan precaria.

Monday, August 22, 2011

Cobijo divino


Alguien dijo por ahí.
que estabas más buena
que una siesta,
pero yo necesité
indagar en tu costado,
deconstruir en el hueco
de tu mano,
meter mi dedo,
hurgar en tu herida
central y profunda,
"feliz el que cree
sin haber visto, ni tocado"
me dijiste,
pero yo ya no escuchaba,
porque en verdad
estabas mejor
que todas las siestas
grises y frías y pan tibio
de la casa,
el viento arrasando
los árboles,
las siestas con narices frías
los pies muy fríos,
los cuerpos que empiezan
a incendiarse
bajo espléndido  techo
de frazadas.

Imagen: Impronta Floweriana

Monday, August 15, 2011

Mujer alta


                        A la chica que encuentra piedras en cualquier parte.


"Si, es larga -respondió el caballero-, pero es muy, pero que muy bonita. A todos los que me la oyen cantar...o les vienen las lágrimas a los ojos, o..."

Al otro lado del espejo - Lewis Carroll

La mujer más alta del mundo estaba triste. Así pasaba sus días, triste. Porque no podía arrodillarse en el arroyo que descendía de la montaña a recoger piedras de colores, ni flores en los senderos, ni insectos extravagantes con dibujos raros en sus lomos. Y es que doblar su cuerpo era un trabajo insidioso y que le llevaba un tiempo importante, de modo que cuando llegaba a la mitad, le dolían todas las articulaciones. Ciertamente, era una mujer altísima, e inclinarse, para ella, no era como chuparse un dedo o rascarse la cabeza.
Hasta que un día descubrió que, con sólo levantar un poco los brazos podía recoger las piedras más brillantes jamás vistas, los astros que conmueven a los locos enamorados perdidos, las blandas y blancas alfombras mágicas para viajar sin límites. Y eso es mucho decir, porque las joyas al alcance de su mano, son infinitas.

Imagen: John White Alexander